27 de noviembre de 2006

Cuéntame mil historias

Delante de una buena cena y la mejor copa de vino, me vi trasladada a una historia... cómo decirlo... mágica. Hoy la recuerdo y me escapo a Calcuta, imagino la caseta y las sonrisas.
A veces, por pura chiripa una conoce a personas fabulosas, o mejor, a personas sencillas, normales y corrientes pero que esconden historias fabulosas... y un buen día te las cuentan y claro, tú flipas. Yo espero tener alguna historia de estas para contar, de esas de sentirte orgullosa, de esas que hacen que el cristal a través del que me miras sea multicolor...
Qué guay, qué linda historia.
Besos, buena semana. Estoy hasta el gorro de trabajo!!

Norma

Lo que sonaría si tuviese un iPod: Vuela palomita (Magin B.)

4 comentarios:

Madame M dijo...

Hay personas sencillas que son fabulosas. Hay historias sencillas que también lo son. Sencilla y fabulosamente cierto.

Cecil dijo...

Sin duda.

Una historia cualquiera puede convertirse en algo épico, en labios de un buen narrador. Y el buen narrador suele ser el que menos épica le ve a su propia historia.

O no.

ani dijo...

Qúe bonito post, Norma, y qué bonita fotografía. De entrada me había parecido Katmandú. A mí me encanta que me cuenten historias, y también me gusta contarlas, normalmente dentro de la sencillez siempre hay un lado especial, el de la persona o el de la historia, cuando se juntan las dos ya es la leche! Qué suerte estar en esa cena. ¿No te atreves a contárnosla? Venga animaté, seguro que lo haces genial!
Un abrazo fuerte

Davidik dijo...

Hace muy pocos días un buen amigo se ha ido seis meses de voluntario a la India. Una experiencia así le tiene que cambiar a uno la vida. Estoy deseando que vuelva para escuchar sus historias fabulosas. Y sí, este amigo también es una persona sencilla.