29 de octubre de 2007

Ya no me sirve el vestido (VI)

Llevaba ya demasiado tiempo en aquel lugar. Tenía un trabajo por horas en un antro de esos a los que jamás me hubiese acercado antes, y servía platos que nunca me hubiera atrevido a comer. Sin embargo estaba sorprendentemente bien pagado, y sólo era cuestión de tiempo que volviese a hacer la maleta.
Iba todos los días puntualmente, y todos los días cobraba, y todos los días el jefe me sonreía y me miraba con ternura mientras, seguro, pensaba: pero qué hace esta infeliz aquí, no habla el idioma, está sola, lejos de su casa y sus amigos…
Todos los días de vuelta a casa me compraba flores, para mi habitación. Y al llegar al portal veía a la chica de siempre asomada a su balcón, encima del mío. Miraba, como siempre, al mar. Fumaba un cigarro, de esos reposaditos, con una expresión muy dulce en la cara… a veces la oía cantar, a veces, mientras me desperezaba, también la oía llorar.
El día que me di el trompazo en la ducha, cuando me desperté tumbada en el suelo y tras comprobar que sangraba, y mucho, subí a su casa. Me abrió la puerta:
- Eso tiene una pinta horrible.
- Ya, no tengo nada en casa para curarme.
- Pasa, algo encontraremos. De momento vas a tomarte un chupitazo, para el dolor.
- Muchas gracias. Puedes llamarme Norma.
- Encantada, Norma. Me llamo Madame… M.

5 comentarios:

a corderetas con mi alma dijo...

Precioso el nuevo personaje, vaya inspiración. Ya las veo ya, no tan reposadas como me gustaría, pero las veo. En estos momentos me encantaría estar mirando al mar, en su compañía...
No le servirá el vestido, pero ha mejorado mucho en sus relaciones... lo digo con "conocimiento de causa". La historia cada vez me intriga más...

ani dijo...

¡Qué golpe de efecto, Norma! Me ha dejado usted epatada. Estoy como loca por saber como continúa.
Seguro que esa vecina suya dará mucho juego a la historia.
Un beso muy muy fuerte

Madame M dijo...

Mi ego está sufriendo, en estos momentos, una suerte de sentimientos encontrados, y como no sé qué más decir, me voy a callar para que hable usted...

Cecil dijo...

No me diga que tenía esto pensado desde un principio. Qué emoción, que intriga, qué ansiedad. Siga, por dios.

Ruben Angel dijo...

Maravilloso