18 de marzo de 2008

Yo fumo un pitín y marcho (2)

Y... los primeros meses pasaron muy despacio. Todavía estábamos descolocados, era necesario un periodo de adaptación, era necesario conocerse mejor.
Nuestras visitas eran diarias pero escasas. Tomar un "algo" después de salir de trabajar a la hora de comer, y comenzar a darnos cuenta de que aquel bar (que poco a poco iba siendo algo nuestro) no podía tener mejor nombre: era Refugio para todo tipo de personajes, nosotras las primeras.
Y la chica de por la mañana era muy maja. A la chica de por la tarde apenas la veíamos... pero también parecía maja. Y por la noche estaba un viejo conocido. La cosa prometía...

1 comentario:

Cecil dijo...

Un refugio con todas las letras, sí señor. Es una pena tener el bar de la esquina a 30 kilómetros, pero merece la pena el viaje. Y ahora que toy a punto de sacar el carnet... cagontal.

Aunque esas paredes ya tengan alma propia, el final solo será otro comienzo, pensémoslo así. Aunque será más difícil encontrarse casualmente y sonreír, que es una sensación estupenda para antes de la cervecita.