11 de abril de 2010

Vuelvo a los 20, a los 21, a los 22...

A los viajes interminables en autobús, al AX, cervezas y copas, Neil Young y Van Morrison todo el día, al sol, a la facultad, al Capitán Haddok y las tardes de Salamanca, al fado y a Desafinado,  a las llamadas desde cabinas telefónicas, a las academias de peluquería, donuts y helados de nata en el río, a las noches de verano, las queimadas en la curva maravillosa, los talleres de músicos y los nervios en la barriga, partituras y pianos, apuntes y prácticas, contratos basura, primer sueldo, al chanel y a los encuentros casuales, a las fotos en papel y los dibujos, vecinos pilotos y barrio chino, y vuelta al río para curar heridas.
Vuelvo a los 20, a los 21, a los 22... y los siento cada vez más cerca.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Esas son las regresiones de las buenas... tanto meditar...tanto meditar...Eso sí, nada de asesinar gallinas como los quintos del pueblo de Valladolid: ¡diversión sana y beoda sin excesivas consecuencias!

M

ani dijo...

Yo vuelvo a la desazón de los 18 años, al sentirme boba e insegura, a necesitar un abrazo, una pista, una confirmación...

A corderetas con mi alma dijo...

Joé, pues yo estoy encantada con mis 25!

No, en serio. La época de la Universidad me moló sobre todo porque no tenía dolores ni enfermedades, pero, leches! es que ahora, con 34:

Vivo con mi pareja, hago lo que me da la gana, no aguanto en exceso a los padres, tengo un sueldo a final de mes... Sólo echo de menos no poder jugar al baloncesto así que con eso lo digo todo. Ahora veo jugar a otros y es como si estuviera dentro de sus cuerpos.

Me ha gustado su post, querida. Me hace recordar que cualquier tiempo pasado no tuvo por qué ser mejor.