17 de agosto de 2010

La tranquilidad de la vida rural...

... levantarse tarde, muy tarde. Pajarinos y sol a tutiplén, cafés reposados con tostadas. Regadío, flores nuevas, planes de futuro, casas viejas. Piedra, hiedra, animales y secretos escondidos en carpetas polvorientas. Comidas, pulpo, albariño y siesta. Dominó y río. Vuelta a la vida moderna, wi-fi y tiendas de moda. Amigos felices, celebraciones y rondas. Despreocupación total, caminar con las manos en los bolsillos, sandalias y gafas de sol. Toallas, guitarras y mil melodías en la cabeza, respiración lenta, saludos efusivos, hachas de guerra enterradas hace mucho tiempo. Sonrisas y brindis.
Sí, estoy en el pueblo, que ya no es tan pueblo desde que puedes escribir estas líneas sentada en una terraza. Los problemas y las preocupaciones se quedan perdidos en las portiñas, entre el Padornelo y la Canda. Los recogeré cuando vuelva y con un poco de suerte se habrán enfriado un poco. Con un poco de suerte igual hasta alguno desaparece.

2 comentarios:

Lord Palumbo dijo...

Hola amiga,

te imagino paseando por los prados, bucólica y pastoril, con un vestidito ligero de flores cual la ninfa Polidora.

Componiendo, bajo una encina, décimas que, dicen, son buenas para las quejas de amor.

Disfruta el estío que te queda y que las estrellas velen tus sueños.

Anónimo dijo...

Te leo bien. Te noto bien. Te veo bien. Y me alegro.

M