24 de agosto de 2010

L'amant

" Seguíamos yendo cada día al apartamento de Cholen. El se comportaba como de costumbre, durante un tiempo se comportó como de costumbre, me duchaba con el agua de las tinajas y me llevaba a la cama. Acudía a mi lado, también se tendía pero se había quedado sin energía alguna, sin potencia alguna. Una vez fijada la fecha de la partida, incluso lejana aún, y ya no podía hacer nada con mi cuerpo. Llegó brutalmente, sin él saberlo. Su cuerpo ya no quería saber nada de la que iba a partir, a traicionar. Decía: ya no puedo hacerlo, creía que aún podría, ya no puedo. Decía que estaba muerto. Tenía una sonrisa de excusa muy dulce, decía que quizás ya no se recuperaría nunca más. Le preguntaba si lo hubiera deseado. Reía, casi, decía: no sé, en este momento quizá sí. Su dulzura sobrevivía entera en el dolor. No hablaba de este dolor, nunca dijo una palabra al respecto. A veces, su rostro temblaba, cerraba los ojos y apretaba los dientes. Pero nunca decía nada referente a las imágenes que veía detrás de los ojos cerrados. Hubiérase dicho que amaba ese dolor, que lo amaba como me había amado, muy intensamente, quizás hasta morir, y que ahora lo prefería a mí."

Marguerite Duras. El Amante

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