10 de agosto de 2010

Mala educación

No puedo entender según qué cosas, qué queréis que os diga.  Me cuesta entender que a partir de determinadas edades (yo que sé, por no ser muy exigente... pongamos por ejemplo los 25?) las muestras de mala educación se hacen ya definitivamente crónicas. Cuando uno llega a adulto arrastrando una clara deficiencia en su educación mal vamos... eso ya no se lo quita de encima ni pa cantar.
Tal vez sea un poco exigente porque yo, que tengo tropecientosmil defectos y meto la pata como la que más, y desde luego, no soy de alta cuna ni gustos excesivamente refinados,  no soporto la mala educación ni en los niños... angelitos, si están sin cepillar todavía... pues no. No lo soporto pero puedo entenderlo, puedo al menos hacer un esfuerzo.
Pero es que en los adultos... me supera. Y me superan desde las barbaridades más bárbaras que os podáis imaginar a simples detalles que no son más que eso: detalles... pero que ponen de manifiesto que la falta de educación está muy, pero que muy interiorizada.
En fin, yo siempre pensé que esto era un problema y que uno debía ser capaz de superarlo. Que la educación se valoraba y que una vez que se mostraba la ausencia de ella ya estaba, la cagaste, como el que descubre a un ladrón... pero va a ser que no... o todos somos más maleducados de lo que pensamos y no lo vemos o tenemos un umbral de tolerancia excesivo...

4 comentarios:

Lord Palumbo dijo...

Qué guaje te dió con la pelota, que paisana se te coló en la frutería?

Dime que me los cargo.

Tienes mucha razón.

Norma dijo...

Querido Palumbo... algo de eso hay. A Henry Higgins mandaba yo a unos cuantos.

Anónimo dijo...

¿Y qué me dices de la impertinencia? Porque va unida a la mala educación y a la estupidez. Precisamente ayer lo hablaba con una amiga. Me encantaría tener el super poder de provocar almorranas eternas...

M

Norma dijo...

Madame... va todo en el mismo lote. En fin, igual es que con los años me hago yo más así no sé cómo...
Yo también quiero ese super poder ;-)