18 de noviembre de 2010

Hablar, callar, envenenarse

Lo ideal digo yo que sería decir las cosas, eso sí, en su justa medida. A veces no hace falta decirlo todo, pero sí sentir la libertad de poder decirlo cuando se necesita. Lo bueno y lo malo. Lo mío y lo tuyo.
A falta de coraje para hacerlo, pues se escriben. Y así, además, todo permanece (siendo consciente además de que lo que permanece se queda ahí por los siglos de los siglos). Escribir para descargar. Está bien. Sienta bien.
A veces resulta muy fácil, todo sale hacia afuera y sientes cómo el peso que tienes dentro va siendo cada vez más liviano. De la cabeza al cuerpo entero, pesa, oprime, desgasta... sale por los dedos y cuando lo lees parece todo mucho más sencillo.
El problema es cuando no se completa el proceso, o se completa al revés: de la cabeza al cuerpo entero, pesa, oprime, desgasta... y no sale. Se incrusta en el corazón o en el estómago o en la piel, en los ojos y en los labios. Veneno.
Puro.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

No hables. No escribas.
Solo canta...

Anónimo dijo...

Y si solo cantases para mi sería ya perfecto.

Sue dijo...

Dicen que todo lo que se desea decir y no se dice se hace bola y se convierte en cáncer. Yo, por si acaso, lo escupo todo en mi blog, que ya me muero yo sola de otra cosas si eso.
Saluditos sin veneno.

rombo dijo...

Por eso viene bien tener un blog, no?. Aquí podemos verter todos nuestros miedos, fobias, alegrías... todo.

Norma dijo...

Anónimo, si solo cantase sería un poco raro (en el trabajo, en el super...)
Sue, Rombo, de eso se trata. El blog es un muy buen sitio precisamente para eso: hablar, contar, susurrar, tararear, escupir o vomitar en un momento dado...

Anónimo dijo...

Yo últimamente lo escupo todo in situ y a la cara. Me costó la criba pero me gustan los que se han quedado.

M

Norma dijo...

Madame, usted siempre tan práctica!
Besos, muchos