21 de noviembre de 2010

Silencios deseados

A veces, muchas veces cuando tocamos por ahí nos quejamos del barullo, del murmullo constante, de las risas a destiempo, de las cafeteras. A veces, muchas veces las canciones pasan sin pena ni gloria. La más bonita, la más sentida, la que mejor sale, caray.
El otro día se produjo el milagro. Silencio. Miradas. Concentración. Brillo en los ojos. Alguna lágrima. Respiración lenta. Comunión.
El nudo de mi garganta creció, se hizo enorme. No pude mirar a nadie. Cantar se convirtió de golpe en un ejercicio de exhibicionismo total. Me sentí desnuda, mostrando más de lo que hubiese deseado mostrar a un montón de desconocidos.
Sentí el rubor en las mejillas y cierto temblor en las piernas y en las manos. Y deseé con todas mis fuerzas que volviese el bullicio.

3 comentarios:

rombo dijo...

Vaya, tía... Qué bonito!!!! ¿Tu cantas? Ahora empiezo a comprender un poco tu "conexión" con Madame...

Norma dijo...

Sí Rombo, canto. A veces.
Creo que Madame y yo somos las almas gemelas más opuestas que he conocido jamás!
(Madame, corríjame si me equivoco)

Anónimo dijo...

No pienso corregirte jamás :-)

M