1 de diciembre de 2010

A veces las expectativas fallan...

Defraudar es ya de entrada un verbo feo y poco agradable de pronunciar. La conjugación es todavía más fea y más endemoniada, en el fondo y en la forma.
Si defraudo me siento muy mal, me quedo corta, no llegué a donde se suponía que debía llegar, no dije lo que se suponía que debía haber dicho o no actué de la mejor manera.
El que está defraudado siente un vacío enorme, y generalmente encadena con otras dos palabras de las feas, feas... decepción y rencor (esta última con esas dos errrrres es, además, agresiva de narices).
Todos, alguna vez lo hemos experimentado en un sentido u otro (generalmente en los dos) y (personalmente) creo que son esas cosas que se quedan dentro y van pudriendo.
Hoy he visto de cerca una de esas caras, defraudadas, que nunca defraudan y cargadas de decepción y rencor
He sonreído y miró hacia otra parte.

3 comentarios:

rombo dijo...

Parece una mezcla de trabalenguas y de clase de lenguaje.

Norma dijo...

Tienes razón Rombo, no me había fijado!

rombo dijo...

Pero está genial...jajaja