26 de enero de 2011

Ya no me sirve el vestido (XIV)

... entonces sonreí.
No podía hacer otra cosa. Sonreír, saludar al día con un suspiro y cerrar los ojos bien fuerte, para abrirlos y comprobar que todo seguía en su sitio.
Ni una palabra.
Guardamos las maletas. Las dos, la suya y la mía en el maletero del taxi.
Y nos subimos en el asiento de atrás. Con una prudencial distancia entre ambos.
- Al aeropuerto- claro.
El coche arrancó y, mirando cada uno hacia un lado dejamos correr los dedos hasta que se rozaron.
Nos agarramos fuerte, apretando nuestras manos como si fuera un pacto entre paisanos. Apretado. Firme.
Sin embargo algo había fallado.
Aviones distintos. 
Destinos diferentes.
En algún momento el sueño dejó de ser uno para pasar a ser dos.
Cada uno con su película...

3 comentarios:

rombo dijo...

Estoy enganchado...

a corderetas con mi alma dijo...

Vaya...
Cuando has empezado el relato con el taxi y los dedos rozándose, me ha recordado tanto a mi propia vida...
Pero yo seguí el mismo camino que mi acompañante, para nada nos pasaba lo que pasa aquí. Lo mío fue el comienzo y esto parece una separación casi definitiva.
Una pena.

Norma Desmond dijo...

Rombo, yo también. Tengo una intriga por saber qué pasará...
Corde, la verdad es que esta vez no pinta muy bien, pero tengo la impresión de que la historia de estos dos va a estar siempre unida...