8 de marzo de 2011

Ya no me sirve el vestido (XVI)

Al final había vuelto al origen de todo. Volví a aquella habitación en aquel lugar indeterminado lejos de todo y de todos. 
Todavía no he visto a la chica que canta y llora. Tal vez se haya vuelto a su casa, o tal vez esté de viaje. Sí, más bien eso, las flores de su balcón siguen siendo las mismas y están muy bien cuidadas...
Mi habitación sigue siendo el lugar más maravilloso del mundo, ahí estoy a salvo. Me abraza cada vez que entro por la puerta, me arrulla, me da calor...
En fin...
Ritual. Me pego una ducha, me envuelvo en la toalla y me sirvo una copa de vino. Un cigarro, sí. También. En mi habitación se puede fumar. En mi habitación se puede hacer de todo.
Abro las ventanas y entra el calor y el bullicio.
Fiesta.
Dejo caer la toalla y me observo. Veo el tatuaje de mi vientre, ahí sigue. Giro el brazo y veo la nueva adquisición.
"En venta".
Sonrío. 
Tampoco se puede hacer nada más.
Escucho la música que viene de la calle y tarareo... Das cordas do meu violão, que só teu amor procurou, vem uma voz falar dos beijos perdidos nos lábios teus...
Sonrío.
Carnaval.
Sonrío.

15 comentarios:

Lord Palumbo dijo...

Mientras me afano por encontrar sentido a la historia del vestido o al menos identificar alguna referencia que me ilumine el camino, he de reconocer que en la superficie, el relato es suave y encantador como una... ¿bossa nova?

Norma dijo...

Palumbo, no te molestes en encontrar sentido alguno. No lo tiene.
Si alguna vez tuvo un hilo conductor yo también lo he perdido.
Hoy no es más que un lugar al que volver de cuando en cuando. Cada capítulo es una sensación puntual, en días y horas al azar. Cuando me lo pide el cuerpo.
Y suave, sí. Como una canción de Vinicius de Moraes...
Bs

Lord Palumbo dijo...

Ah, eso cambia las cosas. Me sigue gustando lo mismo pero ya no espero que te compres otro vestido.

rombo dijo...

Aunque no tenga ninguna relación, el título es fantástico...
Y el relato...Mira, yo hasta he logrado escuchar el sonido de la toalla al caer...

Norma Desmond dijo...

Jajaja Rombo... precisamente ese!
Bs

rombo dijo...

Lo siento...soy así.

Norma dijo...

Lo sé, lo sé... ;-)

rombo dijo...

Son las 22 h 25 ' y me estoy tomando una buena ración de olivas negras con hueso... (ahora que no me ve mi chica). Esta noche tendré dulces sueños...
Por cierto, ¿alguna vez te he dicho que...? Sí, déjalo.

rombo dijo...

tienes el reloj del blog mal...

Sue dijo...

A ver si un día nos cantas de verdad o nos pones un podcast con tu voz cantando, que ya está bien :)

El hilo conductor, ya te lo digo yo desde aquí, es una leyenda urbana. No existe. Tú eres el único hilo y eres la que mueves los hilos. Y muy bien por cierto.

Lo que me gustaría alguna vez es ver ese vestido...

En fin, besos.

Norma Desmond dijo...

Rombo, cómo fue la noche?

Sue, el vestido está guardado en un armario bajo siete llaves. Ya no me sirve.
Me dejas más tranquila con lo del hilo conductor, empezaba a preocuparme!

Bs

rombo dijo...

No lo creerás ...pero me siento como si esta noche hubiera tenido una doble vida... De todas formas, nada especial, eh; pero vida paralela, eso sí. Mis olivas y yo.
Un beso.

A corderetas con mi alma dijo...

Creo que éste es un o de los que más me gustan, sino el que más. Una pena que no encuentre todavía a la chica que canta y llora, porque se llevan muy bien.
Y hay tantas sensaciones... ¡tantas! Son una delicia.
Creo que menos la de fumar, me puedo aplicar todas.

No te servirá el vestido niña, pero joé qué buen sabor dejan tus historias.
;-)

Anónimo dijo...

He vuelto: ¿qué necesitas, fía? :-)

M

Norma dijo...

Rombo, los sueños son así...
Corde, yo creo que a estas alturas ya va siendo hora de empezar a fumar... ;-=
M, qué bien que volviste. Te regué las plantas. Que qué necesito? un copazo. Doble.