30 de septiembre de 2011

Ya no me sirve el vestido (XX)

Ayer por la tarde salí a hacer algunas compras. Solo hay un par de tiendas, ya os podéis imaginar, esto es un pueblo. Y pequeño. Yo las tengo clasificadas en "la tienda de supervivencia" y "la tienda guay". En una, comida,  bebida, gel de baño, pinzas de la ropa, ginebra... en la otra, cosas que no sé ni para qué sirven pero bonitas.
En fin, que me lío. Al salir de la "tienda guay" con una especie jarrón precioso que no sé muy bien para qué me va a servir pero que tenía unos colores muy, muy bonitos (ya me estoy enrollando otra vez), me topé de frente con, llamémosle por ejemplo, Pequeño Joe.
Mi primer impulso fue soltar el jarrón y echar a correr. Pequeño Joe tenía que odiarme, mucho, muchísimo. Todo este tiempo me lo imaginaba en su habitación, por las noches, pensando en mi con los ojos inyectados en sangre, planeando una lenta y dolorosa venganza.
Que ¿Por qué? En otro tiempo y (maldita sea) en otro lugar me había portado como una auténtica hija de puta con él. Y no una ni dos veces, no. Cientos, miles de veces. Y Pequeño Joe no me perdonaba, de eso estoy segura, pero volvía, una y otra vez...
El caso es que no solté el jarrón, y le miré a los ojos, despacio, con miedo, suplicando casi que no me liquidase en aquel momento, en aquel lugar... y entonces Pequeño Joe me sonrió, con esa sonrisa preciosa que el paso de los años no había cambiado, me dijo "Hola" y me besó. En la mejilla. Pero tan cerca de mis labios que solté el jarrón. "Te invito a un café". Y me temblaron las piernas. Comencé a pensar en cual sería el método utilizado: veneno en el café, un disparo por debajo de la mesa, o tal vez intentase ahogarme mientras nos revolcábamos entre las sábanas... porque aquello acababa en cama, estaba claro. Yo lo tenía claro, lo sabía. Él no, ni siquiera lo sospechaba pero como siempre se dejaría hacer.
En fin, que nos sentamos en la terraza de mi propio bar,  pidió un café. Yo una tila. ¿Estás nerviosa? no, qué tontería.
- Pensé que no te iba a encontrar nunca -
- Ya. Qué sorpresa. ¿Y cómo lo has conseguido? -
- Te busqué en Google. -

10 comentarios:

rombo dijo...

Jjajaja, magistral, jajaja. Oye, que hasta me temblaban las piernas a miiiiii.

Tracy dijo...

Y todo esto con el jarrón en la mano?

Norma dijo...

Rombo... normal. Todavía me tiemblan a mi...

Tracy, no. El jarrón cayó al suelo cuando me besó.

Bs

A corderetas con mi alma dijo...

¡Qué peligro tiene google por dios santo y misericordioso! Ten cuidado, ten cuidado... diría mi cabeza.

Al principio he pensado en la peli de "Mi gran amigo Joe" (o algo así) y me he acongojado, la verdad. Y luego casi me ha dado un chungo, porque pensaba que no iba a ser tan malo Joe, pero, coño! ha llegado desde lejos buscándote por google... Ten cuidado, ten cuidado, sshhh! ;-)

noe dijo...

Lo que no aparezca en google...

Pero el jarrón lo compra o no lo compra? :)

Bss

Lisboa dijo...

Espero que el jarrón no se rompiera en su caída tras el beso...sería una pena, tan bonito y con esos colores...

Norma dijo...

Corde, tendré cuidado, sí.

Noe, el jarrón lo compré yo. Pero se rompió.

Lisboa, sí. Se rompió. He guardado un pedacito para hacerme un colgante.

Bs

TORO SALVAJE dijo...

Cupido debería aprender de Google.
Se ha quedado desfasado.

Besos.

Norma dijo...

Completamente Toro, completamente...

Beso

Norma Desmond dijo...

Ya que Blogger se sigue empeñando en no dejar comentar a Sue, subo yo su comentario, ea.

"Estaba escrito que tenías que comprar ese jarrón para que se rompiera al encontrarte con Joe y hacerte un colgante como talismán de ese reencuentro.
O no, que yo no creo en el destino, pero ha sido bonito, como empezar a ver una peli francesa.
Quiero saber el final, quiero saber el final!

Esos besos es que hacen temblar a cualquiera, eh.

:)"