27 de octubre de 2011

Adèle

Adèle hizo una lista que la ayudase a pasar los días que le quedaban en aquel lugar. Esta vez la lista era distinta, nada de propósitos, nada de deseos... esta vez sería una lista de momentos, así que buscó en sus recuerdos los más dulces e intensos. Sonrió al terminarla, y recordó aquella manta de recuerdos que se había tejido hace años ya, para dormir calentita.
La lista de A [extracto]
- La tibieza de una mano que le aparta un mechón de pelo.
- Un saludo con dos besos que la sorprende y descoloca con una mano que rodea su cintura, firme, fuerte.
- El abrazo de su padre cuando ya pasó todo.
- El instante eterno en el que escucha su nombre y, bajo el paraguas, duda si echar a correr o girarse. Y se gira.
- Despertarse y abrir un ojo. Y encontrar los suyos mirándola.
- El olor de su propio perfume.

7 comentarios:

tina dijo...

qué bonito...el olor a su propio perfume, qué difícil llegar hasta ahí.

Tracy dijo...

Una lista sin desperdicio algunoo.

rombo dijo...

Pues la lista me parece maravillosaaaaaa...

TORO SALVAJE dijo...

Es una lista invencible.
Nada puede con ella.

Norma dijo...

Tina, el olor de su propio perfume y todo lo que trae consigo...
Tracy, no tiene desperdicio, no... y es una pequeña parte... si lees el resto... ;-)
Rombo, eso es. Maravillosa.
E invencible Toro, invencible.

Besos

noe dijo...

Me gusta su lista, sobre todo: "La tibieza de una mano que le aparta un mechón de pelo."

Norma dijo...

Noe, a mi también. Algo así puede ponerme patas arriba en segundos...
Bs