8 de marzo de 2012

Pataleando

Hoy me vais a permitir que utilice el blog para el pataleo.
Me pregunto qué demonios he estado haciendo durante aproximadamente catorce años de vida laboral. Sí, lo sé. No es mucho, pero es más de lo que puede (tristemente) decir mucha gente hoy en día. 
He currado, a veces mejor, a veces peor. Y he cotizado, como dios manda, a la seguridad social. Por suerte, muchísima suerte, no he tenido que hacer mucho uso de ella. Catarrucos de vez en cuando y alguna que otra visita a urgencias (cierto, alguna de ellas me la podía haber saltado. Es verdad.) y análisis de sangre cada tropecientos años. Ni un especialista, ni una prueba de esas carisísimas... nada. Lo que os decía, mucha suerte, lo sé.
Sin embargo este año empieza un poco torcido. Nada grave, pero bastante desagradable tener que enlazar una consulta con otra y, oh! dios mío, hacer una prueba específica.
Me dicen que no me preocupe y no lo hago. No la piden con urgencia así que no debo estar tan mal. Pero, ay pobre infeliz, llega contestación del todopoderoso Hospital Central diciendo que tururú. Que no me la hacen. Que ellos no hacen esas pruebas. "¿Comó????" 
No es tanto problema, me dicen. "Puedes hacértela por la privada... ". Claro, claro que puedo hacérmela, pero cómo sabes tú que puedo hacérmela? Tienes acceso a mis cuentas? 
Y no os penséis, no, que es una prueba de esas de máquina tipo NASA, con un gasto que flipas y una lista del espera de la de mi madre... no. No es tan cara, de hecho puedo pagarla yo misma en mi médico privado...
Total, que no entiendo nada. A eso añado otra consulta hoy mismo que no se pudo realizar porque se fue la luz (ya lo sé, esas cosas pasan, mala suerte)... pero eso me llevó a tener que pedir otra cita y tratar (diosnospilleconfesaos) con el/la funcionario/a de turno... para esta experiencia necesitaría otro blog enterito. 
"Señorita, vengo a cambiar la cita que tenía para hoy, en vista de que no se van a poder hacer" "¿Pero por qué?" "Pues porque llevo dos horas aquí, no ha entrado ni el primero y el propio especialista ha dicho que bajásemos a cambiarla". "Ya. Y por qué no espera un poco más?" "Bueno, usted podrá entenderlo. Está trabajando, no? pues yo tengo que hacer lo mismo, por extraño que le parezca". "Ya, bueno. Pues vaya a su médico de cabecera y que vuelva a solicitar el volante para la cita". "Verá, no me voy a mover de aquí hasta que me de una nueva cita. Se lo aseguro". "Bueno, voy a arrancar el ordenador de emergencia (oÔ) para intentar dársela"... y así media horita más.
Creedme, peor lo llevo pensando que yo también soy funcionaria. Y mejor o peor intento no tocar mucho las narices en mi trabajo, así que me avergüenzo de funcionarios como los que tuve el placer de conocer hoy, que sí, que nos hemos ganado la fama a pulso... 
Somos odiosos, la verdad. 

5 comentarios:

Tracy dijo...

Me alegro de que hayas sido consciente, el día que yo lo fui igual que lo has sido tú, me quedé más tranquila porque comprendí más a la gente que raja de los funcionarios y no me siento obligada a defenderlos.

Norma dijo...

Ojo, que la misma fauna te la puedes encontrar entre los no-funcionarios... pero es que me pusieron de un mal humor... (casi más lo de la puñetera prueba que lo otro).

tina dijo...

Vaya tela...

Sue dijo...

En mi empresa no hay ningún funcionario y muchos se tocan los cojones a dos manos. Y hay cada ceporro...

En fin, hay de todo en la viña del señor, afortunadamente.

Norma dijo...

Tina, la verdad es que si...
Sue, una verdad como un templo...
Besos