15 de febrero de 2013

Voy a dormir, nodriza mía

Era una mujer frágil. Se veía. Menuda, con una carita preciosa y unos ojos que mostraban más fragilidad aún que su cuerpo diminuto.
La última vez que la vi me dio uno de los abrazos más reconfortantes de mi vida.
No éramos íntimas, pero conocía más de mi que mi propia familia. Yo en cambio no sabía nada de su vida. Y me ayudó tantas veces... no, me ayudaba siempre. Me enseñó mil cosas... 
También creo que me hizo mejor persona. Bueno, un poco mejor, porque yo no soy una buena persona.
Jamás cuestionaré nada de lo que pasa por esas cabezas, pero en este caso, en este en concreto me pregunto si hubiera servido para algo que hubiese sabido cuánto la necesitaba, cuánto la necesitábamos todos... 
No he podido hacerme a la idea todavía de que no la volveré a ver. Lo cierto es que ni siquiera pienso mucho en ello. Esto es normal, dicen. 
Y tampoco sé cómo lo hizo. No necesito saberlo. No quiero conocer los detalles porque no quiero imaginármelo siquiera.
Es un dolor extraño, este. 

4 comentarios:

Tracy dijo...

Te comprendo muy, muy bien.

eva dijo...

A veces duele de una manera que ni somos capaces de entender.
Animo!

Sue dijo...

Un abrazo Norma.

Norma dijo...

Tracy, un beso.
Eva, dolorosamente cierto.
Sue, gracias.

Besos